En la primera década del siglo XXI Colombia tuvo en Santiago Botero a uno de los mejores especialistas en la contrarreloj del mundo, un tipo de ciclista muy diferente del conocido escarabajo, experto únicamente en los trazados de montaña.
Por Jorge Camilo Puentes
Periodista deportivo
La vida de Santiago Botero es muy diferente a la cualquier otro pedalista de la talla de un Cochise, un Bernal o un Quintana. Nacido en Medellín, en el seno de una familia acomodada, Botero completó sus estudios universitarios; se graduó como Administrador de Empresas; llegó muy tarde al ciclismo, al principio, al ciclomontañismo, pero al poco tiempo pasó la ruta, y a los 22 años llegó al equipo Kelme, de España.
En sus primeros años logró algunos triunfos parciales en etapas, pero fue en 1999 cuando su nombre comenzó a hacerse presente con triunfos parciales en la Vuelta a Andalucía, en España, o la conocida París – Niza, en Francia.
Pero al año siguiente, su nombre adquirió dimensión mundial, con motivo del Tour de Francia, en el cual participó con el Kelme español y obtuvo un triunfo de etapa y el título de la montaña, logros de alta considerando, porque en aquella época, la gran carrera francesa era dominada por el estadounidense Lance Armstrong, aunque años después sus conquistas serían anuladas, por dopaje.

De la montaña a la contrarreloj
Al año siguiente Botero nuevamente logró un triunfo en pruebas montañosas, como la Clásica de los Alpes, pero a finales del 2001, el paisa comenzó a destacarse en una modalidad poco conocida por la gente y que era una de las debilidades de los ciclistas nacionales: la contrarreloj.
Comenzó con la Vuelta a España, en la cual Botero acabó el puesto 18 de la clasificación general, pero con dos triunfos en etapas contrarreloj, algo inusual en un escarabajo colombiano.
Con esos antecedentes, el nativo de Medellín afrontó los mundiales de ruta celebrados en Lisboa (Portugal), en donde para asombro de muchos obtuvo la medalla de bronce en la prueba contrarreloj, primera presea para el país en una prueba de ruta, a 17 segundos del campeón de la prueba, el alemán Jan Ullrich, quien fue seguido por el británico David Millar.
El mágico 2002
Pero, sin duda alguna, el año que lo consolidó como el mejor ciclista contra el cronómetro del mundo fue el 2002 cuando consiguió dos grandes triunfos en esta modalidad, el primero durante la Dauphiné Liberé y en otra en el Tour de Francia (del cual fue cuarto). En ambas pruebas, el antioqueño venció a Lance Armstrong, por entonces uno de los mejores contra el reloj.
Lo cosechado por Botero hasta entonces era histórico para un país que hasta entonces era famoso sólo por sus escaladores. No obstante, el antioqueño se consagró a final de año como el mejor, tras su título en el mundial de ciclismo celebrado en Zolder, Bélgica, con la presencia de nombres destacados, como el suizo Fabián Cancellara (futuro campeón mundial contrarreloj), el británico David Millar, el australiano Michael Rogers, el italiano Filippo Pozzato y el noruego Thor Hushovd (quien años después sería campeón mundial).
Pese a ello las principales cartas para llevarse el oro no pudieron con él. Ya en los últimos kilómetros el antioqueño logró el impulso que necesitaba para llevarse el título contrarreloj y el primero de Colombia en el ciclismo en ruta.

Botero cumplió el mejor registro venciendo en la prueba con un tiempo de 48 minutos y ocho segundos, con ocho segundos de ventaja ante el alemán Michael Rich, y por 17 frente al español Igor González de Galdeano. Pese a ello, Botero no creyó que había vencido ni siquiera con la llegada de los periodistas y los fotógrafos. En un principio Libardo Leyon (uno de los ayudantes) lo felicitó, pero no cantó victoria, argumentando que faltaban corredores por llegar.
Con el título mundial y teniendo en cuenta las viscicitudes vividas en su último año con el equipo Kelme Costa Blanca de España, Botero fichó por el Team Telekom, la famosa escuadra liderada por otro gran contrarrelojero: Jan Ullrich, que ahora tomaba como nombre T – Mobile. No obstante, en su paso por el equipo no consiguió ningún triunfo. A ello se le suma que en poco tiempo el T – Mobile no le renovó el contrato. Su redención llegó para la temporada 2005, cuando fue fichado por el Phonak suizo. Los comienzos en dicho equipo no fueron los esperados: Botero llegó cuando el director era el español Álvaro Pino, con quien coincidió en el Kelme, pero que luego fue despedido por problemas de dopaje al interior del equipo.
Pese a la situación, en el 2005 Botero sacó lo mejor de su repertorio y consiguió su única competencia por etapas en Europa: el Tour de Romandía, en Suiza, prueba en la cual superó a ciclistas de la talla de Óscar Pereiro, Tadej Valjavec y Alexandre Moss, entre otros; eso sí, el comienzo del ya ex campeón mundial no fue bueno, debido a que no fue el mejor en el prólogo y las dos primeras etapas. No obstante, en la tercera fracción, el ciclista antioqueño llegó de tercero para conseguir el liderato de la carrera.
La presencia de Botero en el liderato no dura mucho ya que pierde su condición de líder en detrimento del italiano Damiano Cunego, situación que lo hace jugarse la carrera en la contrarreloj individual de Lausana, la última etapa de la competencia; al final el colombiano logró sacar a relucir sus dotes de mejor contra el reloj y se llevó la última etapa de la prueba y, de paso, ganó la carrera.
Fuera de eso participó en la Dauphiné Liberé, en donde venció en dos etapas: la primera fue una contrarreloj, en la cual superó a dos especialistas, los estadounidenses Lance Armstrong y Levi Leipheimer; la segunda victoria parcial fue una etapa de montaña.
Pese a lo obtenido, la estancia de Botero en el Phonak finalizó abruptamente luego de su presunta vinculación en una gran red de dopaje. Todo eso terminó por cerrar su periodo en el ciclismo europeo y debió regresar a Colombia, en donde fue campeón de la Vuelta a Colombia y obtuvo varias medallas en las justas del ciclo olímpico, antes de retirarse.





























