Sara López ya no necesita presentación en el mundo del tiro con arco y en el deporte de alto rendimiento en Colombia. Su nombre se ha convertido en sinónimo de excelencia, constancia y resiliencia, en una disciplina que, durante mucho tiempo, fue subestimada en Colombia y marginada en el escenario olímpico.
Sara Lopez, hoy convertida en la máxima referente del arco compuesto a nivel internacional, mira hacia atrás para hablarle con orgullo a esa niña de 13 años que empezó a lanzar flechas en Pereira, sin imaginar que algún día sería inspiración para miles.

El camino al podio no ha estado libre de sacrificios. Para llegar a lo más alto, Sara renunció a su sueño de infancia de convertirse en médica, lloró la partida de sus abuelos lejos de casa y soportó el peso de la expectativa constante, ese que transforma la victoria en rutina y convierte la derrota en pecado. Atrás quedó una adolescencia “normal” y, en su lugar, floreció una carrera que rompió barreras, llenó vitrinas y demostró que el arco compuesto también merece un lugar en los Olímpicos.
Y es que Sara no solo acumuló medallas, también resistencias. Durante años defendió su elección por una modalidad que no era olímpica, desafiando la incomprensión de medios, familiares y aficionados que cuestionaban su valor, por no estar en “los Juegos”. Hoy, cuando el arco compuesto ha sido incluido en el programa de Los Ángeles 2028, su lucha cobra una dimensión histórica: será parte del grupo de pioneras que abrió las puertas para futuras generaciones.
Detrás de cada título y cada sonrisa en el podio, hay una mujer que ha aprendido a convivir con sus miedos, a fallar sin rendirse y a encontrar fuerza en sus raíces. Su legado no se mide solo en preseas, sino en el ejemplo de quien nunca dejó de creer, incluso cuando entrenaba con flechas remendadas, en un potrero de Pereira. Sara López no solo hizo historia: la cambió.

-¿Qué le diría hoy a esa niña de 13 años que empezó a disparar flechas en Pereira, sin imaginar hasta dónde llegaría?
“Le diría que lo logramos, que valieron la pena absolutamente todas las caídas, todos los sacrificios, que por más locos o imposibles que parezcan sus sueños, que todos se van a cumplir y que en el camino se va a dar cuenta que valió la pena haber escogido el camino del deporte de alto rendimiento. Que su vida le va a cambiar, que siga con mucha perseverancia, con mucha paciencia, pero, sobre todo, que nunca pierda esa sonrisa que tiene siempre y que en cada competencia la siga teniendo”.
-¿Qué parte de Sara sintió que tuvo que dejar atrás, para alcanzar ese nivel que hoy la define como la leyenda del arco compuesto en el mundo?
“Bueno, claramente el tema de la medicina. Desde pequeña soñé con ser médica y siempre me visualicé como una gran oncóloga pediatra y era mi más grande sueño. Al inicio llevé ambos sueños de la mano, pero ahora viendo hacia atrás digo, primero, cómo lo hice, segundo, cómo me mantuve cuerda, porque era muy difícil llevar ambas cosas, llevarlas bien, pero siento que en su momento, cuando tomé la decisión de dejar a un lado ese sueño y encaminarme a otro sueño, creo que fue la mejor decisión. Dios me puso este deporte en el camino, me puso a las personas correctas, me dio talento y me dio todo lo que tenía que darle a alguien para poder triunfar en tiro con arco. Agradezco todos los días por haber tomado esa decisión. Lloré mucho, me dio muy duro, pero hoy digo: fue la mejor decisión”.
-¿En qué momento se dio cuenta que ya no era una deportista más, sino que empezó a ser un ejemplo para muchas niñas?
“Todavía me cuesta. A veces miro y veo todo lo que he logrado, todos los hitos que se han roto y cómo pasé de ser una simple niña de 18 años, que venía de una ciudad que nadie conocía en el mundo, a poder ser la cara de Pereira. Siento que en el momento en el que dije: ‘esto está pasando y es real’, fue como al tercer año de haber comenzado a ganar copas mundo, porque al principio se volvió como que, ah bueno gané por suerte, bueno esta otra la gané por suerte, pero cuando me di cuenta que no era suerte, que yo estaba trabajando para eso, y que cada día la competencia era mucho más difícil, yo seguía ahí, me mantenía ahí y el tiempo fue pasando, yo no era consciente del paso de los años, hasta hace unos años que me puse a mirar y ya va una década, entonces poder lograr eso, una década manteniéndome ahí con mis puntajes, aún en mis momentos de puntajes malos, me di cuenta que lo había logrado, y estoy muy contenta de saber que puedo llevar el nombre de mi país y de mi ciudad a todos los rincones del mundo y demostrarles que se puede, que al inicio yo era una simple niña de 18 años que llegó porque era el reemplazo de otra persona y lo que se convirtió en ser un reemplazo ahora es ser una de las exponentes más grandes en el mundo, y me enorgullece poder escuchar mi Himno, eso para mí es lo que más me llena el alma”.

-¿Cuál ha sido el costo que ha tenido que pagar por tanta disciplina y tanta dedicación al deporte?
“Son temas de los que no mucha gente habla. Recuerdo mucho lo que pasó con Simone Biles ,cuando se retiró en los Juegos Olímpicos por salud mental. La mitad del mundo la criticó, pero la otra mitad le agradeció por visibilizar algo que casi nunca se habla en el deporte: el estado mental de un atleta. La salud mental en el alto rendimiento es frágil, y en un deporte como el tiro con arco compuesto, donde se busca la perfección todo el tiempo, esa presión se multiplica. Es un deporte en el que cualquier error mínimo puede hacer la diferencia, y llevar tu cuerpo y tu mente constantemente a ese nivel de exigencia es agotador. Cuando empecé a ganar de forma constante, la expectativa externa se volvió abrumadora. Ganaba y ganaba, y el día que perdí, la reacción de la gente no fue simplemente ‘perdió’, sino un juicio: ‘¿por qué no ganó esta vez?’. Como si perder estuviera prohibido. Uno se acostumbra a darlo todo, a no ir nunca a un evento a perder, pero también hay que aceptar que está bien fallar. Siento que muchas veces uno malacostumbra al entorno: cuando siempre se gana, los demás esperan que eso sea la norma, y entonces una derrota se vuelve casi un pecado. Y también está mal visto que un deportista quiera llorar, o que no se sienta emocional o mentalmente bien para competir. Se nos olvida que los deportistas somos seres humanos: tenemos problemas en la casa, en nuestras relaciones, días en los que simplemente despertamos de malas. ¿Y si ese día coincide con el evento más importante de tu vida? ¿Qué haces entonces? Por eso es tan importante hablar de salud mental, de entender que no todo tiene que ser perfecto todo el tiempo. Cuando haces las cosas por amor, por pasión, no por fama, medallas o dinero, todo fluye mejor. Y aunque las críticas y los golpes duelen, al final te hacen más fuerte”.
-¿Alguna vez ha sentido que llegar tan alto la puso en una jaula donde fallar ya no es una opción, porque todos esperan que siempre gane?
“Sí, por mucho tiempo estuve ahí y muy poca gente me ha visto como en ese momento en el que yo exploto y antes de las finales yo lloro y me asusto, porque mucha gente siempre está esperando que falle y podrán ser miles y miles y miles de personas en el mundo diciendo ojalá falle.Pero si yo tengo cuatro o cinco personas que son mi familia, siempre buscando que yo haga las cosas bien, y no es ganar, simplemente es que me disfrute la competencia, eso para mí es suficiente. Me costó mucho tiempo entender que fallar también estaba bien y me di muy duro y lloré mucho y sufrí mucho y me castigué a mí misma y me traté mal a mí mism,a porque me acostumbré a que si no era oro no servía. Y no es así, un cuarto lugar está bien, si yo lo entregué todo”.

-¿Cómo logró salir de ahí?
Bueno, yo creo que cada año trae como su desafío. He tenido momentos en los que ha sido muy duro darlo todo, porque no me he sentido del todo bien. Muchos de por sí sé que han pasado por eso. He tenido que competir sabiendo que mi abuela o mi abuelo acaban de morir, que no me pude despedir, que no pude compartir con mi familia, que no pude disfrutar los últimos fines de semana de mis abuelos, porque yo estaba compitiendo. Entonces siento que haciendo esto desde los 13 años, no tuve una adolescencia normal, no tuve una adultez normal, yo ya tengo 30 años, entonces siento que muchas cosas que una persona normal haría, yo no las hice, pero también muchas de las cosas que una persona normal podría llegar a hacer yo ya las hice, que es viajar por el mundo, representar a mi país, entonces ,básicamente, es unas por otras. Pero sí he tenido que estar compitiendo con el corazón y con el alma rota por muchas cosas personales y familiares, y al fin y al cabo siempre estoy ahí dándolo todo. Entonces muchas veces, de todas las veces que me han visto competir, he estado destruida por dentro y estoy ahí con mi sonrisa dándolo todo y eso es lo que mucha gente no ve. Sé que me pasa a mí, sé que les pasa a miles de deportistas. Hemos tenido que darlo todo, cuando no somos capaces de darlo y aun así, lo hacemos”.
-Y en ese camino de acostumbrarse a ganar y ver como rara una derrota y que todo el mundo al terminar una competencia pregunta ¿qué significa ganar? ¿qué significó la medalla de oro? ¿qué significó la medalla de plata?, ¿qué siente una campeona como cuando no gana? ¿cómo se redefine la derrota cuando ya ha alcanzado todo?
“Yo siempre he dicho que hay dos formas de perder. Si lo diste todo y perdiste, está bien, pero si fallaste o sientes al final arrepentimiento de no haber dado el 100 por ciento, ahí es cuando uno se siente mal, entre comillas, por perder. Pero, repito, no está mal perder. A veces las cosas no salen a nuestro favor. Todo el mundo entrena para ganar, todos los deportistas del mundo. Entonces, a veces no es nuestro turno de ganar. En ese orden de ideas, si yo pierdo, pero dentro de mí sé que lo di todo, me voy satisfecha. Si yo pierdo sintiendo como un sinsabor, lo que hago es que me siento a analizar qué fue lo que pasó, qué hice, qué pude haber hecho de mejor manera, para que la próxima vez pueda corregir esos errores. Pero ya no me golpeo emocionalmente, porque ya pasé por eso y no está bien”.
-¿Qué aprendizaje le ha dejado una derrota, que un oro no le enseñó?
“El seguir intentándolo. Gracias a Dios todas las cosas que yo puse en mi lista de sueños ya las cumplí. Hace poco agregué una nueva meta. Entonces vamos por ese camino, pero siento que cuando algo no se me da, está bien, habrá una nueva oportunidad, habrá una nueva competencia, siempre se trata de seguir avanzando”.
-¿Cuál batalla interna es más difícil, ver a la rival que está ahí al lado o los pensamientos?
“Las dos, a veces yo soy muy autocrítica y es bien difícil cuando soy tan dura conmigo misma. Muchas veces he tenido rivales muy fuertes, también he tenido críticos muy fuertes, pero como dije anteriormente, si tengo cuatro o cinco personas de mi lado, que son mi familia, todo va a estar bien. Yo ya pasé por esa época en la que me daba muy duro emocionalmente y no pienso volver ahí, porque que fui muy dura conmigo misma y tengo que aprender a agradecerme, a no escuchar a las críticas, ni a las personas que tienen cosas malas para decir, porque no saben lo que es estar ahí parados, no saben todo lo que yo he entregado y todos los sacrificios que he hecho y todos los días de mi vida que le he entregado a mi deporte. Entonces, cuando alguien no sabe todas esas cosas, no sabe el trasfondo y no sabe absolutamente nada más sobre mí que lo que ve en televisión, no vale la pena escuchar esas críticas tampoco”.

-¿Tiene algún ritual o algún hábito antes de una competencia?
“Muchos. Tengo una lista de canciones que sí o sí escucho antes de competir. Siempre me pinto las uñas, ya sea el color del arco o el color de mis flechas: me parece que es como algo muy mío y siempre me gusta coordinar los colores de mis medias, mis uñas, mi arco y mis flechas. También oro y tengo mi propia oración; ya mis palabras siempre son las mismas. También me encomiendo mucho a mis abuelos, que siempre están viéndome, y además, tengo varias cositas que hago durante la competencia: siempre me paro con el mismo pie en la línea de tiro, hago tres pasos, derecha, izquierda, derecha, izquierda, en la línea de tiro, y antes de la última flecha siempre repito las palabras “una más”.
-Durante mucho tiempo le cuestionaron por elegir el arco compuesto, por no ser olímpico. Ahora, que será parte de Los Ángeles 2028, ¿qué significa haber defendido esa elección durante tantos años?
“Al inicio era difícil porque. La gente no entendía y yo siempre respondía lo mismo: es como pedirle a Nadal que juegue tenis de mesa, no por ser tenis y ser el mismo concepto significa que va a ser igual de bueno, o pedirle a Mariana que se cambie de bici, bueno ella ya lo hizo, ella me calló la boca, pero es algo similar. Yo sentí una conexión inmensa con el arco compuesto desde que inicié y era lo que yo me especializaba, y cuando me hacían esas preguntas, yo decía, bueno, ¿por qué no le preguntan a los de patinaje? Es que estamos usando el mismo ejemplo. ¿Por qué le diría yo a Fabriana que se cambie de deporte, por cumplir un sueño que nunca ha tenido dentro de sus posibilidades? Hoy en día hasta se siente extraño decir: la posibilidad de ir a Olímpicos existe. Yo crecí con el bloqueo de Olímpicos en la mente, porque no era una opción, entonces, no solamente el decir siempre me quedo en compuesto, sino también el saber que hice parte de ese grupo de atletas que lograron que se incluyeran. Demostrar que las mujeres tenemos la capacidad de hacer grandes cosas. La excusa siempre fue es que las mujeres, no. Poder saber que fui a ese grupo de mujeres que ayudó a que el Comité Olímpico Internacional aceptara y a que la World Archery pudiera defender su postura, eso para mí ya es un gran logro. El poder ser parte de este cambio histórico y que en el futuro se quedan a ver miles de arqueros en Colombia en la modalidad de compuesto que van a ir a cumplir ese sueño olímpico, para mí eso es una satisfacción enorme”.
-En Colombia, el tiro con arco no siempre recibe la atención mediática que merece. ¿Se sintió incomprendida o poco valorada en el país, pese a su grandeza internacional?
“Sí, y era bien triste, porque ocurría en todo ámbito, ámbito familiar, amigos, en todo.Por ejemplo, vamos a una fiesta familiar y alguien le dice a otra persona mira es Sara López, y me preguntaban: ¿vas a Olímpicos?, y yo, no, no es Olímpico, inmediatamente se veía en sus caras como la decepción. También con periodistas, de preguntar ¿cómo va el sueño Olímpico?, y yo, no, mi modalidad no es Olímpica, como esa decepción en la voz, como que no eres importante, cuando sí somos importantes. Pero ya eso cambió, ya vamos a tener ese reconocimiento, pero no solo eso. El poder saber que gracias a esto que va a pasar en los campos de tiro con arco, se van a llenar de más personas, vamos a tener la posibilidad doble de participar, porque también estamos en recurvo. Entonces vamos a ser muchos más los atletas de tiro con arco representando a Colombia en los Olímpicos, el equipo va a ser más grande, eso es lo que más me motiva, saber que vamos a ir con un equipo bastante grande”.

-¿Qué sintió el día del anuncio que el arco compuesto estará en Los Ángeles 2028?
“Ya me habían chismoseado, pero, siendo honesta, me habían chismoseado ya hace años, y todos los años yo caía y decía, ay que emoción por fin y no nada. Dentro de cuatro años, que hay una posibilidad y yo toda ilusionada, y nada. Entonces dos días antes me lo habían dicho y yo, no, ya no vuelvo a caer, yo no me ilusiono. Pero ese día iba entrando para el campo junto con Ana Rendón, íbamos para su competencia y ella tiene su reloj este inteligente y le llegó la notificación, y ella me mira con los ojos así abiertos gigantes y lo primero que yo pensé fue eso, o sea, ni siquiera dijimos una palabra, nos abrazamos y yo me puse a llorar. Sólo con verle los ojos a Ana, yo supe que la noticia se había confirmado. Ese abrazo fue como, ‘vamos a ir por esto juntas’”.
-En todos estos años ha vestido la indumentaria olímpica en eventos del ciclo, antes de Juegos Olímpicos, ¿qué piensa que sentirá cuando le entreguen esa indumentaria con la marca de Los Ángeles?
“Mucha emoción y sé que en el cielo tengo a mis abuelos felices y orgullosos, porque estoy cumpliéndoles ese sueño a ellos también. Pero voy con calma. No puedo perder el sueño, no puedo perder la paz, no me puedo enloquecer tampoco. Todo es paso a paso. Todo es con calma. Pero el día que tenga ese uniforme se va a sentir tan irreal, porque nunca fue una posibilidad. Pero desde ya me sueño con estar allá, me visualizo. Obviamente para llegar allá, hay que cumplir unas cosas primero, tenemos que primero clasificar, y aún no sabemos cómo es la clasificación, pero siempre he sido una persona de visualizar, de tener energía positiva. Yo ya me estoy visualizando allá, sé que lo puedo lograr, tengo la capacidad, tengo el equipo de trabajo correcto, y así como he logrado cosas que antes parecían imposibles sé que puedo estar allá”.
-Sin pensar en la palabra retiro, ¿qué legado le gustaría que recordaran de usted cuando ya no esté compitiendo?
“Que se recuerde esa niña que vino de Pereira, de un campo que ni siquiera era un campo de tiro y que ahora gracias a ese sacrificio, a ese trabajo de todo un equipo, hay un campo de tiro increíble, hay un gran entrenador en nuestro departamento, mi vida cambió completamente. Pero lo que más quiero que se recuerde es el nombre de mi país y el cómo alguien que llegó así de la nada. Pero no solamente hablo de mí, hablo del equipo como tal. Me acuerdo mucho en Turquía que llegamos y ganamos dos medallas de oro en una Copa del Mundo, y la gente decía ¿qué hicieron en Colombia? y simplemente comenzamos a creer. Entonces quiero que en el futuro, cuando se recuerde lo que se hizo en el tiro con arco, se recuerde el legado de una persona que vino desde abajo, con arcos de segunda, con flechas remendadas, entrenando en un potrero y que nunca perdió esa sonrisa en su rostro, sin importar en las condiciones, en las que estaba entrenando, porque hoy en día tengo comodidades, tengo campos de tiró donde entrenar, tengo muchas cosas que la vida me había bendecido, pero nunca he perdido ese amor que siento por Pereira, por Risaralda, por mi país y seguiré representándolo hasta que mi cuerpo me lo permita”.
-¿Cómo imagina su rol dentro del tiro con arco después del retiro?
“Mucha gente me dice que podría ser buena entrenadora. Yo difiero, porque sobre arcos como tal no sé mucho, sobre la mecánica y el funcionamiento del arco no sé mucho, pero sé mucho de cómo llevar a un atleta a que tenga tranquilidad. Con todas las cosas que he vivido, que he podido aprender he llegado a ayudar a varios atletas con consejos, pero siento que dejar que el destino me vaya mostrando el camino. Actualmente estoy estudiando Administración de Empresas, quiero tener un enfoque también en Administración Deportiva, pero si el camino me pone eso, bien. Si me pone en el camino ser entrenadora, perfecto. Y si me pone también en el camino ser arquera hasta los 90 años, también perfecto: seguiré en el mundo del tiro, con arco hasta el último día de mi vida, eso sí lo tengo por seguro”.





























