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Revista Olímpica

Jorge Enríquez lo soñó en Rio 2016 y lo hará realidad en París 2024

El arquero vallecaucano cursa sexto semestre de ingeniería aeronáutica, estudios que aplica en cada competencia, para analizar el movimiento del viento en la flecha y otros detalles aerodinámicos que le han permitido ganar medallas.

Por Filiberto Rojas Ferro

Director de comunicaciones del Comité Olímpico Colombiano

A los cinco años tomó su primer arco. Reventaba globitos, mientras don Omar, su padre, entrenaba a otros jóvenes en la Liga Vallecaucana de Tiro con Arco. Veinte años después, aquellos globitos los cambiará por una diana que estará decorada con los cinco aros olímpicos.

Ese pequeño arco de juguete, con el que se entretenía en Cali, fue sólo una anécdota, porque en su infancia prefirió aprender esgrima, ser receptor de béisbol en el club los Marineros y entrenar fútbol, hasta que volvió a su primer amor, al acompañar a su padre como jefe de logística de arquería en los World Games Cali 2013.

Allí volvió a pensar en los arcos, las flechas y las dianas, pero fue sólo cinco años después, cuando vio a un equipo femenino de arco recurvo representar a Colombia en los Juegos Olímpicos Río 2016 y soñó con integrar un equipo masculino olímpico, con disparar flechas en un ambiente de aros olímpicos.

Al terminar los Juegos Olímpicos de Rio 2016, que tuvo a cuatro arqueros colombianos: Ana María Rendón, Carolina Aguirre, Natalia Sánchez y Andrés Pila, Jorge le pidió a su padre que le permitiera entrenar de nuevo, sin embargo, Omar es entrenador de arco compuesto y Jorge quiso llevarle la contraria con el recurvo, pero, sobre todo, por el sueño de los Juegos Olímpicos y la ilusión de ganar una medalla olímpica.

Cuando Jorge pidió volver a entrenar, Omar le preguntó si era en serio o un ensayo más, por eso le puso una prueba de cero: un año de formación en la casa, con gestos técnicos y fortalecimiento especial y le sumó la tentación, al lado del arco le dejaba el computador, el televisor y otros juegos para que eligiera de verdad lo que le gustaba, para ver si había disciplina, y sí, se quedó con el arco y las flechas, con una fundamentación muy fuerte.

Luego de ese primer año, empezó a ir a los entrenamientos en campo, ya sin globitos, con la diana, el arco real y el apoyo fundamental de la familia, Omar que lo miraba desde el equipo de compuesto, su mamá María Eugenia, quien siempre tuvo la referencia del deporte y su hermano menor, Matías, quien juega hockey.

La alta competencia

Todavía estudiando en el Colegio Los Ángeles San Fernando, en Cali, Jorge tuvo su ingreso al alto rendimiento y asistió al ranking juvenil en Medellín, con muchos nervios, la diana se le hizo más chiquita por los nervios, no le fue tan bien en individual, pero mejoró mucho sus marcas y con Laura Botero ganó oro en dobles mixtos y en equipos se quedó con la medalla de plata.

Así fue elegido por el Valle para ir a los Juegos Nacionales de Cartagena 2019, para iniciar un camino a los siguientes Juegos, para ganar experiencia, pero sorprendió y se quedó con siete medallas que no estaban en la cuenta del Valle. Fue la revelación de la arquería colombiana y, con 20 años, lo invitaron al Selectivo Nacional.

Sin embargo, en una semifinal de Juegos Nacionales contra Andrés Pila, Jorge rompió el arco y se quedó con el bronce por competir con arco prestado. Ocho días después se tenía que presentar al Selectivo, al que asistió con un arco ensamblado con partes prestadas de varias personas. Con un arco diferente, que nunca había usado, afrontó el selectivo contra Andrés Pila, Daniel Pineda, Daniel Betancur, Steven Ramírez, Santiago Arcila y Daniel Hernández. Terminó segundo en la general detrás de Pineda. Así ingresó a la Selección.

La aeronáutica

Mientras se fortalecía en la arquería, también planeaba su carrera dual. Soñaba con ir a los Juegos Olímpicos y con ser piloto de aviones, pero no pasó las pruebas en la Fuerza Aérea y por temas económicos tampoco pudo hacer la carrera comercial. Eso no detuvo a Jorge y buscó la manera de estar cerca de su sueño profesional, así que aplicó en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín para Ingeniería Aeronáutica.

Llenó todos los papeles de la universidad a escondidas de sus padres, antes de los Juegos Nacionales de 2019 y se dio, lo llamaron de la universidad, para una cita en tres días en Medellín. Omar y María Eugenia no sabían nada, entró a decirle que debía ir a Medellín y los tomó por sorpresa, le llamaron la atención porque no planificó, pero emprendió el viaje en bus de Cali a Medellín, habló con su entrenador nacional, Julián García, quien lo recibió con sorpresa. 

Fue a la Universidad Pontificia Bolivariana, tuvo una serie de reuniones y cuando dijo que era atleta de alto rendimiento de arquería, de inmediato lo aprobaron. En Medellín tiene familia donde se iba a radicar, pero no sabía que iba a clasificar a la Selección Colombia después de Juegos Nacionales y que la Federación le iba a dar hotel durante un año en Medellín. Con todo el plan hecho, acordado con la universidad para seguir entrenando.

Así fue como se radicó en Medellín, desde el 10 de enero de 2020, pero por esa responsabilidad que no había dimensionado, tuvo que aplazar el inicio de la Universidad, hasta que llegó la pandemia, regresó a Cali durante el aislamiento, entrenó en casa con la orientación de su padre y siguió soñando en grande, sin quitar el ojo de la mira, porque la equis del centro de la diana es su principal objetivo.

Al finalizar la época de pandemia, Jorge estuvo en una concentración con la Selección Colombia, en el camino de la clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio. Viajaron al Preolímpico 2021 de Monterrey, donde Jorge sorprendió a todo el continente, quedó campeón panamericano y obtuvo el cupo para los Juegos Olímpicos de Tokio

Sin embargo, Jorge sabía que el cupo era del país y no de él. Que era una clasificación numérica y se determinaba por los parámetros de la Federación, que al final se le otorgó a Daniel Pineda, quien asistió a Tokio y Jorge entendió que su camino iba a ser rumbo a París, porque quería caminar el ciclo olímpico y llegar con el equipo completo.

El camino a París

Alternando sus estudios de ingeniería aeronáutica y las selecciones Colombia de arquería, empezó el ciclo olímpico de Jorge con los Juegos Bolivarianos de Valledupar en 2022, donde más allá de la competencia, entendió que no ir a Tokio era necesario para escribir una historia completa, por ejemplo, estar en su primera villa bolivariana, ver a los otros atletas, ver a Mariana Pajón por primera vez, ahí sintió que estaba en un nivel alto.

Un oro, una plata y un bronce, fue la conquista en su primera delegación nacional, en un proceso liderado por el entrenador nacional Julián García, para un ciclo olímpico acelerado, de menos de tres años. Que lo llevó rápidamente a los Juegos Suramericanos de Asunción, en Paraguay, donde debía medirse al vigente subcampeón mundial, que luego sería número uno del mundo, el brasileño Marcus D’Almeida.

Para vencer a Marcus, no sólo debía ser un buen arquero, debía tener algo más y Jorge lo entendió para aplicar algo de sus conocimientos en aerodinámica, vientos y aviación. Fue de los eventos en el que mejor condición llegó, con una muy buena clasificación, con medalla de oro en equipos mixtos con Ana María Rendón, donde lanzó 60 puntos, perfecto, para luego afrontar la final individual con el brasileño De Almeida, el favorito, pero Jorge entendió que “si yo estoy en la final es porque los dos tenemos méritos”.

Durante los Juegos, Jorge hizo un gran análisis de los vientos, el piso sintético y algo particular, que el campo de tiro estaba a unos 500 metros de una cabecera de la pista del Aeropuerto Internacional Silvio Pettirosside de Asunción. Por eso sabía que iba a haber mucho viento, porque en aeronáutica aprendió que los aeropuertos se construyen donde haya muchas corrientes de viento, porque facilita los despegues y aterrizajes de los aviones. También había aprendido que por la forma como llegan los aviones es por cómo está el viento, entonces veía los aviones y analizaba, si el viento podía estar a favor o en contra, algo que no se sentía en la línea de tiro, pero sí en el camino de la flecha a la diana. 

Se fijo en las banderas de la calle del lado y en las banderas del coliseo del fondo. Calculó desde que el viento movía la bandera hasta que llegaba a él, unos 4 o 5 segundos, y las banderas se seguían moviendo, tenía más de 16 segundos de viento y así calculó durante las prácticas y clasificaciones. También revisó el pronóstico del tiempo y marcaba lluvia, lo que haría el aire húmedo, más denso, por eso pidió ir al campo en la mañana, en jornada de descanso, para analizar todos esos detalles de aerodinámica. Practicó solo con el entrenador Julián, un tiempo del que sacó ventaja para ganar la final, en la que hubo lluvia, viento y oro para el estudiante de ingeniería aeronáutica sobre el subcampeón mundial brasileño.

“Todos sabemos que no hay nada más maluco que estudiar algo que no le gusta, pero hago dos cosas que me gustan mucho, que son compatibles y las puedo aplicar. Uno de mis profesores me dijo que cuando esté libre del deporte podemos hacer estudios aerodinámicos de las flechas, plumas y estabilizadores en el túnel de viento de la universidad”, explicó Jorge. 

Dos oros y una plata, la conquista en Asunción y un primer año de ciclo olímpico perfecto. Campeón de Juegos Bolivarianos y campeón de Juegos Suramericanos para seguir alimentando el sueño olímpico. Las siguientes estaciones de 2023 serían San Salvador y Santiago.

Llegó a San Salvador para afrontar los Juegos Centroamericanos y del Caribe con la potencia de México y con Nicholas D’amour, de Islas Vírgenes, quien había estado en los Juegos Olímpicos de Tokio y con quien justo perdió la final individual. Contra México cayeron en la final por equipos.

Dos medallas de plata, seguía en el podio para pensar ahora en los Juegos Panamericanos, de nuevo contra Brasil, sumando México e Islas Vírgenes, pero también a Canadá y Estados Unidos. El nivel subía y dos cuartos lugares, más el undécimo en individual, fue la lección de que ya estaba realmente en las grandes ligas, camino a París 2024.

El 2024, el año olímpico, empezó con el sueño cumplido, porque en Medellín, en casa, se hizo el clasificatorio continental, que entregaba cupo en equipo para el campeón y Jorge se unió a Santiago Arcila y Andrés Hernández para buscar ese sueño que había tenido en 2016, cuando vio al equipo femenino en Rio de Janeiro. 

Y se dio, porque los tres estuvieron conectados, llegaron a la final contra Canadá y protagonizaron una remontada histórica, pues tras ir perdiendo 4-0, se recuperaron para ganar 6-4 y ser los mejores de América, los dueños del equipo masculino que estará por primera vez en la historia de nuestro país en los Juegos Olímpicos de París 2024.

Ahora Jorge ya planea todo de cara a París, desde la ubicación del escenario y todos los detalles aerodinámicos que no lo lleven sólo a participar, sino a tener claro que con la inspiración de la Torre Eiffel y sus conocimientos de ingeniería aeronáutica pueda sacar diferencia para cumplir en París 2024 lo que soñó en Rio 2016.