La santandereana tuvo en el 2023 su mejor año deportivo, al lograr, oro en dobles femenino de Juegos Panamericanos Santiago 2023 y oro en individual de los Juegos Nacionales Eje Cafetero de este año. Hoy por hoy, Lucía Bautista Sarmiento es, sin duda, quien le pone el ritmo al squash femenino colombiano, con el nuevo sueño olímpico de Los Ángeles 2028.
Por Santiago Prieto Diazgranados
Comité Olímpico Colombiano
Lucía Paola Bautista Sarmiento se inició en el squash más que por gusto, en la búsqueda de una actividad que controlara la hiperactividad que la caracterizó en su niñez y parte de su preadolescencia.

Oriunda de Bucaramanga, nacida el 6 de diciembre del 2002, Lucía Paola, hoy por hoy, y desde hace tres años, se convirtió en una de las referentes más importantes del squash femenino de nuestro país, que cada vez demuestra su crecimiento y toma más fuerza en el ámbito internacional.
Nació, creció, se formó y forjó en el seno de la familia Bautista Sarmiento, que, con Armando Bautista y Gloria Sarmiento a la cabeza, acompañó a Lucía en una pasión deportiva que daría inicio gracias al mensaje de Leonel Uribe, un amigo muy cercano de Armando y quien le entregaría una importante razón a los Bautista.
“Mi pasión por el squash surgió por mí misma, porque, en realidad, nadie de mi entorno más cercano conocía a profundidad de este deporte, ni mi mamá, ni mi papá, ni nadie […] Creo que todo surgió por un amigo de mi papá que me necesitó para inscribir más niñas en la Liga y ahí comencé”, recuerda la joven squashista.
Enrique Becerra, presidente de la Liga de Santander de Squash, le encomendó a Leonel la búsqueda de nuevas jugadoras para la liga, por lo que le comentó a Armando, a modo de favor, que le hacían falta niñas y que necesitaba de Lucía para continuar fortaleciendo el squash femenino de la región oriental de nuestro país, a lo que la respuesta fue afirmativa.
Lucía Paola, en ese entonces, y al igual que sus padres, no sabía mucho acerca del squash y ya había sumado sus primeros ‘pinos’ en el tenis de mesa, por lo que no eran muchas las expectativas de que permaneciera en la disciplina.
“Inicié, lo probé, pero en ese momento ya estaba metida en el tenis de mesa, por lo que continué la práctica de ambas disciplinas en paralelo […] Llegó un momento en el que el squash me empezó a sacar a competir a otros lugares, y me decidí por ese camino”.

No obstante, tanto ella, como Armando y Gloria, no solo buscaban una actividad física con la que distraerse, sino una disciplina que contuviera su marcada hiperactividad. Y así fue. El squash logró darle a la energía de Lucía unos conductos de salida apropiados, fortaleciendo así su decisión de seguir por ese camino.
“Yo era muy activa cuando pequeña, tenía hiperactividad, por lo que mis papás intentaban calmarme metiéndome a deportes movidos y con altos consumos de energía […] El squash me ganó desde el principio, porque es rápido, corto y con ritmo, a diferencia de otras disciplinas que se me hacían monótonas, largas y aburridas”.
Pero dicha energía no era del todo una problemática, porque al momento de combinar estudio y deporte le sirvió para completar con éxito cada jornada de su corta, pero ajetreada vida.
Tres fueron los colegios bumangueses por los que Lucía pasó: el Liceo Montesoriano, en su etapa primaria; otro, del que no recuerda su nombre, y el Colegio Integrado Jorge Isaac, del que se graduó como bachiller y el que puso fin a una etapa, y probó su disciplina y sus ganas de continuar por el camino del squash.
“Al principio fue pesado, estudiaba de 6:00 de la mañana a 2:00 de la tarde; de ahí salía, almorzaba, me cambiaba, entrenaba hasta las siete de la noche y me iba para la casa a hacer tareas […] Nunca pensé en dejar el squash, por la exigencia que implicaba combinarlo con el estudio, sino más bien al revés (risa)”.
Lucía despidió su etapa escolar y, tan pronto como se quitó el birrete y la toga decidió iniciar su carrera profesional en ingeniería industrial, un nuevo comienzo que la haría repensar, no por mucho, su camino de vida.
“Cuando iba a iniciar mi carrera profesional en la Universidad de Santander, a la que cambié por la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, le dije a mi mamá que me quería retirar del squash por lo pesado que sería llevar ambas cosas, pero al final no dejé ninguna de las dos”.

Previo a la pandemia por Covid-19 cayó en una depresión deportiva que, por la ilusión de tener una vida relativamente normal, casi la impulsa a abandonar el squash, pero, como no lo logró, esta situación, más lo vivido durante dos años de encierro, llenaron a Lucía de la ambición y ganas propias de una campeona, de alguien que posteriormente alzaría vuelo en su carrera deportiva.
Y como cuando uno toca fondo solo queda impulsarse hacia arriba. Eso hizo Lucía, pues en las siguientes temporadas logró no solo consolidarse como una de las cartas claves del seleccionado colombiano de squash, sino figurar dentro del top-100 del escalafón del PSA World Tour como una de las grandes promesas del squash internacional.
Algo que ratificó para empezarse a consolidar como la líder del recambio generacional del deporte como campeona de los Juegos Panamericanos Santiago 2023 en la modalidad de dobles femenino, junto a Laura Tovar, además de hacer parte del equipo femenino que sumó un bronce al título general que se adjudicó Colombia en el squash de las justas multideportivas continentales.
Lo anterior, para arribar a territorio colombiano y coronarse como la campeona nacional del squash femenino individual en el marco de los XXII Juegos Deportivos Nacionales Eje Cafetero 2023, rompiendo la hegemonía bogotana, frente a Laura Tovar.
Por su amplio proceso, sus sacrificios, lo conseguido, lo perdido y la plena dedicación que tuvo para con su disciplina, hoy por hoy, Lucía Bautista Sarmiento es, sin duda, quien le pone el ritmo al squash femenino colombiano, con el nuevo sueño olímpico de Los Ángeles 2028.





























