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Revista Olímpica

Mateo Romero… se hace camino al andar

A sus 21 años, este marchista bogotano, que conoció esta modalidad cuando tenía siete años y de inmediato quedó flechado, porque le “picó el bichito” de querer hacer algo distinto, clasificó a sus primeros Juegos Olímpicos, París 2024, para empezar a escribir su propia historia. 

Por Carlos A. Gracia B.

Oficina Asesora de Comunicaciones IDRD.

A sus cinco años se inició en el patinaje de carreras, porque sus padres querían ponerlo a practicar algún deporte, para que quemara la excesiva energía y aplacara las altas revoluciones en las que vivía. Era un niño inquieto, vivaz, curioso y soñador.

eso mismo, pintaba como buen patinador, por su deseo de ganar, porque era competitivo. Pero a sus siete años, una mañana acompañó a su hermana mayor a verla practicar marcha atlética y quedó flechado, su chip deportivo cambió de inmediato y se enamoró de esa modalidad del atletismo, de su técnica, de la destreza y berraquera que hay que tener para practicarlo, y porque le “picó el bichito” de querer hacer algo distinto.

Empezó a practicarla con esmero y dedicación, cuando conoció al entrenador Fernando Rozo, quien -con paciencia y fe en las condiciones de su nuevo pupilo-, le enseñó los secretos de esta maravillosa disciplina hasta 2012, cuando falleció. 

Fue un golpe muy duro para Mateo, pero como ganador que es se repuso y convirtió su dolor en fortaleza y empezó a trabajar con todo para mantener el legado de su mentor y querer ser el mejor; hoy, los resultados se están viendo de manera sorprendente, siendo catalogado como la nueva figura de la marcha bogotana y colombiana. 

“Aunque fue poco el tiempo que compartimos, fue quien me dio todas las bases técnicas para ejecutar bien los movimientos que requiere este deporte. Siempre estaré agradecido con Fernando por esto y a él le dedico mis triunfos”, expresó Mateo.

Es un duro

Quienes lo conocen, dicen que tiene una personalidad fuerte y un deseo de triunfo como pocos. Quiere más y más. Pero hay que saber que el camino de este andarín bogotano no ha sido para nada fácil; le ha tocado luchar duro, hacer muchos sacrificios, porque el nivel mundial de este deporte es muy elevado.

Llevaba unos meses practicando, Rozo lo llevó a su primera carrera en Cartagena. Viajaron en bus, en el que conoció a sus compañeros. Su mejor recuerdo de ello es que su entrenador le regaló unas zapatillas de gran calidad para competir porque él no tenía, y ganó la carrera de tres kilómetros. Hoy, aún guarda esas zapatillas como recuerdo.

Después han venido una serie de triunfos y buenos resultados, que lo han catapultado a un sitio privilegiado, y lo encaminan a la élite mundial, dada su juventud.

Ganó la marcha en los Juegos Supérate Intercolegiados en 2017 y fue al Suramericano Escolar en Cochabamba, Bolivia, y ganó la medalla de oro en 5 mil metros, en el que fue su primer triunfo internacional. En 2018 volvió a ganar en los Supérate, ahora con marca nacional para la distancia y en 2019 fue tercero en el Challenger Mundial de Marcha en La Coruña, España, en los 10 kms.

Fue campeón suramericano, medallista panamericano, segundo en la Copa Panamericana de Marcha 2021, quinto en el Mundial Sub-20 en Omán en 2022; después vino un momento bastante fuerte en el Mundial de Atletismo Juvenil también en 2022 que se llevó a cabo en Cali. Mateo iba encaminado a conseguir una medalla mundial, pero por una cuestionable decisión de los árbitros fue sancionado y perdió bastante tiempo, terminando 12. 

Felicidad máxima

Esa frustración, ese sabor amargo que le dejó no poder ser medallista mundial y las lágrimas que derramó, supo digerirlos positivamente y los convirtió en fortalezas, para luego conseguir -para sorpresa de todos- el título de campeón en los Juegos Nacionales 2023, y ratificar su gran momento en el Mundial de Marcha en Antalya, Turquía, el pasado 21 de abril, cuando fue 14 junto con Lorena Arenas, y consiguieron el tiquete a París 2024 en la modalidad de maratón relevos mixtos. Sí, a los Juegos Olímpicos, la máxima cita del deporte mundial. 

Por eso su alegría es indescriptible. “Uno de esos sueños que había tenido siempre como deportista, se hizo realidad. Me siento muy feliz y agradecido con Dios por sus bendiciones. Este es un resultado de un proceso que hemos trabajado día a día de mano de mis entrenadores Marcelino Pastrana y Luis Fernando López”,dijo.

“Ellos me han formado como atleta, como lo que soy hoy en día; lo digo y siempre lo diré: no sería posible sin ellos, siendo siempre ejemplo y guías en todo momento, porque son quienes han llevado este proceso y han depositado esa confianza en mí. Este es apenas parte del inicio del camino que todavía tenemos que recorrer, pero siempre con los pies sobre la tierra, de que nada se logra sin trabajo duro, disciplina y constancia… así que a seguir. Y gracias a todo el equipo multidisciplinar por creer en nosotros”, acotó.

Gustoso del café y de ver series en televisión, de compartir con su familia y su novia -quienes han sido su bastión para no rendirse-, este marchista bogotano, nacido el 7 de febrero de 2003, está haciendo un gran esfuerzo, porque a la par dedica buena parte de su tiempo a sacar adelante su carrera de administración de empresas, que estudia -en tercer semestre- a distancia en la Universidad Militar Nueva Granada en la capital del país.

Quiere aprovechar sus primeros Juegos Olímpicos para llenarse de experiencia y conocimientos, para aprender más para ser el mejor. Es duro, de mucho sacrificio, pero Mateo Romero Blanco lo hace con gusto, porque sabe que le falta mucho por recorrer y muchos triunfos por vivir, porque como buen caminante, sabe que sí hay camino… y que se hace camino al andar.