El pasado Miércoles Santo, el periodismo deportivo de Cúcuta perdió a uno de los personajes más queridos de la región y del deporte, Pedro León Jáuregui, quien durante 40 años trabajó en el diario La Opinión y dejó una profunda huella, por su calidad profesional, su don de gentes y su generosidad para apoyar a los atletas. En 1918 fue el delegado de Acord, en los Juegos Suramericanos de Cochabamba, Bolivia.
Por Omar Romero Güiza
Periodista deportivo del diario La Opinión
Pedrito, como lo solían llamar sus amigos y conocidos, tenía 67 años, y aunque era oriundo de El Guamo (Bolívar) se sentía cucuteño pura cepa.
Aunque fue contador público y administrador de empresas, carreras que estudió, lo suyo siempre fue el periodismo, en particular, el deportivo.
Laboró en varias emisoras radiales de la ciudad, así como en algunos medios impresos, entre ellos el Diario La Opinión, en el que estuvo 40 años, hasta 2016, cuando se jubiló.
Pedro era un conocedor “de cabo a rabo” del deporte aficionado. Siempre fue querido por la comunidad. En cualquier lugar o rincón de la ciudad todo el mundo tenía que ver con Pedro.

En cualquier calle o esquina era saludado, y entre saludo y saludo venían las charlas que se volvían jocosas y hasta eternas, en medio del agite del trabajo.
Como buen cucuteño era mamador de gallo, vacilador, pero con un increíble don gentes.
A veces era testarudo, y verlo del mal genio era muy raro; siempre se vía ecuánime, con su particular sonrisa y con reiterativas muletillas de “mijo” o “mija”, o “toche”, términos que no podían faltar en su jerga típica de la región.
Una las particularidades especiales de Jáuregui era ayudar a la gente y a los deportistas más necesitados. Hacía lo imposible porque ese atleta, ciclista, gimnasta, boxeador, patinador o de cualquier disciplina tuviera las cosas elementales para poder entrenar.
Fue el artífice de la campaña para conseguir la casa del gimnasta Jossimar Calvo Moreno.

Era conocedor, no solo del fútbol, sino también del ciclismo, y de otras disciplinas, como las carreras hípicas, a tal punto que alguna vez le llegaron a decir El Caballo o Caballito Jáuregui, porque era de los pocos que conocían del tema.
Pedro León, en una entrevista que le hizo el diario La Opinión, en 2017, ya retirado de la casa editorial reseñó que su vuelco al periodismo se dio por cosas de la vida.
“Tuve un pequeño bache económico, por no saber hacer negocios. Se me dio la opción en el periodismo radial y manejar algunas jefaturas de prensa, como la del Mundial de Consolación de Baloncesto, que hizo Cúcuta en 1982, y las clásicas de ciclismo de Norte de Santander. De ahí en adelante todo marchó sobre ruedas”.
Pedro era frentero; a los dirigentes deportivos les cantaba la tabla sin tapujos y sin miedo a equivocarse.
Para él, los deportistas eran algo especial y al que podía ayudar buscaba la manera de hacerlo.
Fue un gran trabajador, un guerrero y batallador con el cáncer que sufrió y al que muchas veces le ganó la partida.
En ocasiones, en vez de ir a descansar por las duras quimios que debía hacerse prefería llegar a periódico a trabajar, porque decía que era un alivio para su alma y para no pensar en la enfermedad.
Del Cúcuta Deportivo,el equipo de sus entrañas, habló por encima del bien y del mal, y su segundo equipo fue Millonarios, con el que a veces vacilaba, pues sabía que mi equipo es Santa Fe; nos hacíamos bromas con mucho respeto, y terminábamos jactados de risa.
Pedro fue un filósofo de la vida; muchos de sus buenos consejos fueron recibidos por deportistas y amigos, quienes siempre vivieron agradecidos con él.
Su último deseo era escribir un libro sobre sus vivencias en el deporte, pero el destino y el camino de la vida no permitieron que Pedrito plasmara en letras de molde muchas de las historias del deporte rojinegro.
Fotos: Diario La Opinión, de Cúcuta.





























