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Revista Olímpica

Victoria y deporte III. Estética y libertad

Acercamiento a una eventual reflexión filosófica sobre la actividad deportiva, como resultado de una interpretación desde lo estético previsto en términos de libertad  y esplendor, confrontación de fuerzas, como puede interpretarse de lo manifestado por Jaime Feijo en el texto introdictorio de la obra de Schiller, respecto de la independencia que adquiere en la modernidad la reflexión filosófico estética de la tradicional política y científica.

Por Fabio Navarro Pasquali

Filósofo de la Universidad Nacional, Abogado de la Universidad Libre de Colombia, Especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre, Magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana. 

“En la época de Schiller se desarrolla la teoría estética como disciplina filosófica, como “ciencia, pero como ciencia que se independiza del “saber científico» y se arroga un saber estético propio, independiente del saber establecido.” (Schiller, Kallias: Cartas sobre la educación estética del hombre)

Más allá de consideraciones económicas, políticas o de cualquier otra índole que se aplique en el contexto del deporte, no propiamente deportivo, debe ceder ante la expresión estética y que permite el acercamiento, y más allá de ello la plena vinculación del ser humano, del ciudadano que ve en tal manifestación la profunda significación de su propia existencia, en términos de valores, afectos y, porque no, del sentido mismo de su existencia.

La presentación olímpica del deporte es sin lugar a dudas, el mensaje  estético de cada pueblo al mundo. Es la belleza de su ser colectivo puesto en escena para ser re–conocidos. Es el derecho del ser y el aparecer ante los otros, con la brillantez de los colores que hacen parte de su propia simbología y los sonidos que llevan al sentimiento extremo y a la añoranza de los prados y montañas que les vieron nacer, correr y jugar, con el viento y los soles del día a día de la tierra querida. 

Discóbolo de Mirón. Foto: depositphotos.

¿Es entonces posible pensar en el deporte y su dimensión estética, más allá de ajenas consideraciones, o, incluyéndolas para asumir el tránsito libertario de cada ser humano? 

Vale acercarse a lo expuesto por Jaime Francisco Troncoso, en el artículo Sobre lo bello y lo sublime: ideal estético e ideal moral en Schiller, en la obra de Maria del Rosario Acosta López, en el que señala, sobre la necesidad de resolver la contradicción entre la pura autonomía de lo que denomina la legalidad  racional  frente al simple arbitrio de las inclinaciones,  que:

“El sentido de esta mediación surge del reconocimiento de la necesidad de establecer un puente entre dos ámbitos aparentemente separados por un abismo infranqueable: la esfera de la necesidad natural y la esfera de la libertad moral” (Troncoso).

No basta frente al deporte como manifestación estética, si así ha de entendérsele, el reconocimiento que pueda darse desde la perspectiva de lo simplemente bello, sino que debe construitse como escenario de vida, lucha de contrarios reconciliables como unidad estético–dialéctiva que permite el tránsito a la libertad.

Por eso, como se planteó en escrito previo titulado Ocio como proceso creador, juego y deporte: “ser pirata de mil batallas o la maravillosa y poderosa niña de montañas encantadas hace de esos juegos una expresión teatral de vida, en medio de espectadores que también juegan y representan personajes complementarios en esa puesta en escena. Ritual lúdico que se repite cuantas veces sea necesario, porque lo que importa es el instante mágico del encuentro en el espacio familiar conocido.” (Ob. Cit. Navarro Pasquali Revista Olímpica)

La re–significación del ocio, juego, deporte y demás actividades que permitan el interactuar antagónico,  dentro del espíritu del re–conocimiento y en el escenario común dialógico, permite la construcción del sentido estético libertario, señalado por el filósofo alemán a una sociedad europea envuelta en guerras y conflictos de diversa índole. 

¿Por qué esa inferioridad de los individuos, si la especie en su conjunto  es superior? ¿Por qué cada uno de los griegos puede erigirse en representante de su tiempo y no así el hombre moderno.? Preguntas significativas de Schiller, en la Carta Sexta de su obra Sobre la educación estética del hombre, que el filósofo responde: Porque al primero le dio forma la naturaleza que todo lo une y al segundo el entendimiento que todo lo divide.

Es claro que el alejamiento y fractura de la razón moral–estética del así llamado hombre moderno llevó desde tempranas épocas a la pérdida de la sensibilidad, humanidad y el consiguiente desconocimiento del otro que confronta bajo la pretensión del dominio y ejercicio de poder cualquiera sea su manifestación.

La reflexión sobre la libertad como escenario al que se accede a través de ese ejercicio estético, en el cual la razón que se confronta desde lo antagónico asume las contradicciones desde la perspectiva del todo. El juego y el deporte, como nostalgia de edades tempranas, en las cuales el ser lúdico se manifestaba y manifiesta en medio de la alegría, risas, voces amigas deben constituirse en garantía, como ejercicio que reconoce las contradicciones y las incorpora en la construcción dialéctica como ritual lúdico, condición de garantía suprema del ejercicio de la razón estético libertaria. 

Bibliografía

-Schiller, F. Kallias: Cartas sobre la educación estética del hombre. Anthropos editorial del hombre.

-Troncoso, J. F. Sobre lo bello y lo sublime: Ideal estético e ideal moral en Schiller. En M. d. López, Friedich Schiller Estetica y libertad (pág. 118). Universidad Nacional.

-Acosta López, M. d. Lo sublime y la visión trágica del mundo en los textos filosóficos shillerianos. Bogotá: Universidad Nacional.

-Schiller, F. Cartas sobre la educación estética del hombre. Biblioteca Virtual Antorcha.

-González Valenzuela, J. G. Bíos. El cuerpo del alma y el alma del cuerpo. Fondo de Cultura Económica.