El médico bogotano Rodrigo López fue condecorado con la Orden olímpica, del Comité Olímpico Colombiano, entregada el pasado 12 de septiembre, en la sede del COC. Fue un reconocimiento a una vida dedicada al servicio desde la medicina, que ha comprendido importantes aportes al deporte y a los atletas colombianos.
Por Alberto Galvis Ramírez
Director Revista Olímpica y Presidente de la Academia Olímpica Colombiana
Al repasar la vida del médico bogotano Rodrigo López, quien integró la Comisión Disciplinara del Comité Olímpico Colombiano durante más de 15 años; ejerció como Médico Cirujano, con especialización en ortopedia y traumatología; acompañó, intervino y recuperó a cientos de atletas colombianos, y ha escrito la más importante historia de la ortopedia en nuestro país se puede dar fe que ha cumplido a cabalidad con los postulados del Juramento Hipocrático, en su última versión, aprobada en 2017, durante la 68ª Asamblea General de la Asociación Médica Mundial, AMM, celebrada en Chicago, Estados Unidos, octubre 2017, que reúne a más de 10 millones de médicos de todos los países del mundo.

Y lo ha hecho en sus rutinas como médico particular y como médico del deporte, desde su vinculación al mundo de la actividad física, primero, por invitación de Oscar Azuero Ruiz, director de Coldeportes, en 1988, y luego, por llamado del presidente del Comité Olímpico Colombiano, Jorge Herrera Barona, por insinuación del secretario General de la entidad, Alberto Ferrer Vargas, cuando formó parte de la primera Comisión Médica del COC, que cambiaría la historia de la entidad, integrada, además, por los galenos Emilio Echeverry, Rubén Alberto Cadavid, Juan Fernando Zuluaga y Felipe Merino.
Esta es la última versión del Juramento Hipocrático, que modificó a través de los siglos la proclama del galeno griego Hipócrates, formulada en el año 460 a.C., y que dicta unas reglas éticas que debe seguir aquel ser humano que decide echarse al hombro la responsabilidad de responder por la vida de los seres humanos, amenazados por alguna alteración particular de salud:
“Prometo solemnemente dedicar mi vida al servicio de la humanidad; velar ante todo por la salud y el bienestar de mi paciente; respetar la autonomía y la dignidad de mi paciente; velar con el máximo respeto por la vida humana; no permitir que consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social o cualquier otro factor se interpongan entre mis deberes y mi paciente; guardar y respetar los secretos confiados a mí, incluso después del fallecimiento del paciente; ejercer mi profesión a conciencia y dignamente y conforme a la buena práctica médica; promover el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica; otorgar a mis maestros, colegas y estudiantes el respeto y la gratitud que merecen; compartir mis conocimientos médicos en beneficio del paciente y el avance de la salud; cuidar mi propia salud, bienestar y capacidades para prestar atención médica del más alto nivel, y no emplear mis conocimientos médicos para violar los derechos humanos y las libertades ciudadanas, incluso, bajo amenaza”.
Y mencionamos este tema tan filosófico y conceptual, porque la personalidad de Rodrigo López cumple con esas condiciones profesionales, y agrega una más “su don de gentes”, que debería estar incluida en el Juramento, y que es tan importante para la salud mental de los enfermos.

Una vida en la medicina
Rodrigo López Rodríguez nació en Bogotá, en el hogar del odontólogo Ramiro López y Beatriz Rodríguez, en el cual crecieron cuatro hermanos, nacidos también en la capital.
Su padre fue profesor de la Universidad Nacional, en el área de periodoncia durante más de 35 años, que transcurrieron mientras su mamá dedicó su vida a enseñar a los hijos, valores y principios basados en el amor, el respeto y el estudio, bajo la influencia del abuelo paterno, José Jesús López, quien fuera un distinguido educador, en la primera mitad del siglo XX.

Rodrigo López fue bachiller del Colegio del Rosario, en donde también cursó su carrera de medicina, en la que se graduó en 1980, y se especializó en ortopedia y traumatología. Posteriormente hizo una especialización en traumatología deportiva en los Estados Unidos y estando allí fue beneficiario con una beca para estudiar en Suiza y en la Universidad de Amsterdam, Países Bajos. “Mi inclinación por la medicina se la debo a mis padres. Terminé bachillerato muy joven, por lo que tuve la suerte de ser enviado a los Estados Unidos a repetir el último año de secundaria. Allí fue en donde me inculcaron la disciplina del deporte. Al regreso de los estudios en el exterior, Oscar Azuero me vinculó a Coldeportes y estando allí, Alberto Ferrer me llevó al Comité Olímpico, bajo la presidencia de Jorge Herrera Barona”, recuerda Rodrigo López, de aquella época de finales del siglo XX, en la cual se transformó la organización deportiva colombiana, que serviría como estructura para el desarrollo posterior de nuestro deporte.
Rodrigo López formó parte como médico, de las delegaciones colombianas en los XVI Juegos Centroamericanos y del Caribe, de Ciudad de México, en 1990; en los XI Juegos Panamericanos de la Habana, en 1991, y de Mar del Plata, en 1995, y en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 y Atlanta 1996, además de un par de paradas de la copa mundial de espada y unos panamericanos de atletismo, en Medellín. De igual manera fue médico de la selección Colombia de mayores de fútbol, en la Copa América de Chile, en 1991.

En la mayor parte de su carrera deportiva, el doctor Rodrigo López ha trabajado exclusivamente en ortopedia, en las cirugías de hombro y rodilla, para la empresa Colsanitas, en la cual es considerado una autoridad. Ha sido presidente de la Sociedad Colombiana de Ortopedia y Traumatología; ha representado a Colombia, en muchos eventos académicos, y ha sido docente de las universidades del Rosario y del Bosque
En los años noventa del siglo pasado, Coldeportes intervino a la Federación Colombiana de Esgrima, y lo nombró como presidente interino, para adaptar su reglamentación a la nueva Ley del Deporte, que había sancionado el presidente Samper.

Sus conceptos
“Soy muy casero. He tenido el honor de los anteriores cargos mencionados. Sin embargo, el mayor orgullo y, de hecho, el centro de mi vida, lo constituye mi familia, mi esposa Diana, quien es médica especialista en medicina alternativa y terapias biológicas; mi hija Laura, quien es ingeniera química de la Universidad de Los Andes, y mi hijo Samuel, quien es ingeniero mecatrónico de la Universidad Tecnológica de Darmstadt, en Alemania. Como persona soy de ellos y para ellos. Me gusta mucho la disciplina, el orden; muchas veces puedo aparentar antipatía, por el hecho de apegarme tanto a esas condiciones. A pesar de que sigo teniendo vinculación académica con charlas y conferencias, actualmente mi interés está en la música clásica, tema sobre el cual tengo un par de charlas, y en la historia, en especial, la de la Segunda Guerra Mundial.
“Dentro de las personas en el deporte que debo mencionar, tanto por su amistad, como por el cariño que profeso por ellos están: Alberto Ferrer, Clemencia Anaya, Jaime Cortés, Humberto, Chica Pinzón, Emilio Echeverry, Vladimir Ivanov, Mauricio Rivas, Ciro Solano Hurtado, Ana Edurne Camacho y Hélder Navarro, a quien le debo mi presencia durante tantos años en la Comisión Disciplinaria del COC”.
Finalmente, sus agradecimientos al COC por la Orden Olímpica entregada: “Mi reconocimiento del Comité Olímpico en cabeza de su presidente, el doctor Ciro Solano, y de su Comité Ejecutivo. No esperaba la Orden Olímpica, y el que me la hubieran entregado me hincha de orgullo.
“En esta etapa de mi vida, hay dos distinciones que llevo muy adentro del corazón: el Gran Collar de la Sociedad de Ortopedia, por mi contribución al desarrollo de la cirugía moderna de hombro en Colombia, y la medalla dorada del Comité Olímpico Colombiano”.





























