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Revista Olímpica

Victoria y derrota II. El deporte  como estética y libertad

La diferencia entre ganar o perder está en saber hacerlo, y eso es claridad, o no hacerlo es oscuridad; ambas opciones son caminos que se transitan acorde con el desarrollo de los acontecimientos, pero cada uno de ellos lleva a distinto destino.

Fabio Alfredo Navarro Pasquali

Filósofo de la Universidad Nacional, Abogado de la Universidad Libre de Colombia, Especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre, Magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana.

En la Carta segunda de su obra Cartas sobre la educación estética del hombre,  Friedrich Schiller destaca la necesidad de avanzar en  términos de superación y unidad, como manifestación estéticA, pues, afirma, “Sólo por ese camino es posible alcanzar la libertad”.

No obstante lo anterior debe señalarse que la felicidad no puede entenderse únicamente como el hecho por el cual se consuma una apetencia o querer individual, sino que, desde la perspectiva estética  debe entenderse el sentimiento de común procedencia y afirmación del ser social; la colectividad que asume la felicidad del instante compartido  y glorioso,  también debe estar en capacidad de reconocer la derrota y encontrar en ella  el sentido estético, fundado en la razón. 

Son variadas las fuerzas que operan al interior de una sociedad, por lo que el imperio de la razón o su mayoría de edad, en sentido kantiano, ha de permitir el equilibrio de aquellas.  Así lo manifiesta Schiller en  Carta tres del texto citado: ”La libertad haya de doblegarse, y todo ha de conformarse a la finalidad suprema que la razón asienta en la personalidad del hombre. Así nace y se justifica el intento de una nación adulta de transformar su estado natural en un estado moral”. (Ob cit. Pag.10)

El ejercicio crítico de Schiller permite no sólo el reconocimiento de los hechos que sobresaltan a la sociedad y la constituyen  en masa amorfa, sin canales de reafirmación positivos, sino que, a la vez, establece los medios del re-conocimiento a través de la estética.

Ahora bien, es claro que dentro de las reflexiones filosóficas de Friedrich Schiller no cabía la posibilidad de pronunciamientos respecto del deporte, lo cual no significa que a hoy no se pueda asimilar tal escenario como lugar de reflexión desde perspectiva estética, si por ella se entiende la exaltación de lo sensible frente al decurso del acontecimiento deportivo. 

El aficionado situado frente a la exposición deportiva, quizá puede entenderse como el espectador ante la obra de arte en sala de exposición, guardadas proporciones dados los intereses de cada escenario, pero  una vez equiparado desde la perspectiva estética y la maravillada expectación frente  a colores, sonidos, movimientos y personajes en escena se estaría en plena superación del triste lastre histórico previsto por el filósofo.

La aceptación del resultado permite entender que, tal ejercicio  significa, por parte de vencedores y vencidos, el reconocimiento de leyes prescritas para garantizar el desenvolvimiento de los rituales competitivos,  logrando con ello la resolución de las dinámicas del juego ,a la vez que se establecen bases sociales de mutua aceptación. 

En esa dirección puede acercarse el planteamiento de la filósofa Juliana González Valenzuela, quien en su libro  Bíos. El cuerpo del alma y el alma del cuerpo, refiriéndose a la libertad humana, señala: “Ella emerge de la vida universal como una realidad nueva que sobrepasa la vida natural transfigurándose en vida moral, vida artística, filosófica, histórica; introduciendo más allá de la evolución biológica, una nueva dimensión  del tiempo, que es la “historia”, y una nueva dimensión del espacio, que es el mundo.” (Ob. Cit pag. 68)

La libertad humana, entendida como vida que trasciende al individuo  para constituirse en colectivo universal, que tiene conciencia de sí, aún en sus diferencias, pues concientes de ellas,  son superadas dialécticamente, esto es, superada la diferencia se alcanza la comprensión del otro, se re–conoce su existencia y el por qué de su presencia.

Es claro que la contienda deportiva puesta en escena entraña el encuentro de fuerzas  antagónicas, de las cuales, una resultará vencedora; y esto debe entenderse como parte del ejercicio dialéctico confrontacional y ser asimilado por el espectador, cualquiera fuere su resultado.

Asumirse en la diferencia con el contrincante, reconocerlo y aceptarlo  como esencial para la unidad del espectáculo permite reivindicar la razón lúdico–estética. Sin adversarios no hay competencia, ni el sonido acompasado de tambores, ni coros en la tribuna. Re-conocerse en la  diferencia y asumir la unidad dialéctica es entender la puesta en escena y asimilarse dentro de ese contexto social deportivo.

Foto: El Tiempo.

El equilibrio de las fuerzas o del sentido estético en el deporte

Un fin de semana, cuando el día apenas comienza, desde el fondo de una sala de esgrima se escucha un rugido, mezcla de alegría, fiereza y desahogo. Es entonces cuando se comprende que una ilusión cayó abatida hasta el próximo  combate o torneo.

Eso es así, porque alguien, dada la lucidez del adversario que, en un instante transformó la ausencia de la acción en vertiginosa y mortal flecha cruzando los espacios, voló hasta llegar al objetivo distante, tocado compañero. Es el “touche”, objetivo inmediato de quien practica la esgrima. Por ello,  a diario se observan mujeres y hombres ir tras un entrenador, para aprender movimientos que lleven de manera efectiva a realizar la acción precisa en el momento indicado

Para definir  touche, o toque, se dijo en alguna oportunidad, es necesario entender que se trata de una dialéctica letal, capaz de señalar con su ejecución, insondables caminos a recorrer, y todo ello en un claro–oscuro instante fugaz de la existencia. La diferencia entre ganar o perder está en saber hacerlo, y eso es claridad o no hacerlo es oscuridad; ambas opciones son caminos que se transitan acorde con el desarrollo de los acontecimientos, pero cada uno de ellos lleva a distinto destino.

El paso de la oscuridad a la luz está determinado por la obturación  de un interruptor, movimiento que, a simple vista de profano, no implica mayor perturbación, pero en esgrima hay la necesidad de hacerlo cien o más veces un mismo día, contra distintos contrincantes, antes que el escenario sea apagado y los protagonistas se pierdan por intrincadas callejuelas, para poder sentirse como llevados de la mano por los dioses.

El deporte como lugar estético, en el cual confluyen distintas fuerzas, pero una sola alcanzará lo alto del podio permite, quizá, acercarse al planteamiento de Schiller, respecto de las fuerzas en contienda y la necesidad de entender  ese equilibrio, cualquiera fuera el resultado.

Foto portada: Elñ Heraldo.

Continuará…